2027 EL GRAN RETO GUINDA, LA PARADOJA DEL PODER LOCAL.

Hablar de política en Morelos es, muchas veces, un ejercicio de paciencia. Pero callar cuando las fichas comienzan a moverse en el tablero sería una irresponsabilidad. Y el dato más frío del mapa político actual en nuestro estado es una paradoja que la cúpula en el poder intenta maquillar: en la pasada contienda arrasaron en las urnas a nivel gubernatura y en el Congreso, pero la ciudadanía les dio un rotundo manotazo de ahogado en las alcaldías. La gran mayoría de los municipios de Morelos quedó en manos de la oposición o en esquemas de poder divididos.

¿Por qué se dio ese fenómeno? Porque el votante castigó sin piedad a los gobiernos locales incompetentes, a los funcionarios opacos que se cobijaron bajo el estandarte de la llamada transformación y, sobre todo, a la abrumadora indolencia ante la crisis de inseguridad que sofoca la vida diaria de nuestras comunidades.

Rumbo al 2027, el objetivo del partido oficialista es “recuperar” el terreno perdido. La dirigencia presume la implementación de nuevos y supuestos estrictos filtros para la selección de sus candidaturas, prometiendo blindar las boletas contra impresentables. Sin embargo, el papel aguanta todo. El verdadero reto será comprobar si esos cedazos realmente van a limpiar la casa o si terminarán siendo la misma aduana simulada de siempre, por donde los políticos corruptos de antaño —ahora con la cara lavada y el chaleco guinda bien puesto— pretenden volver a colarse.

Mientras las dirigencias resuelven sus dilemas de escritorio, en el territorio el termómetro ya se elevó. Faltan meses para el proceso electoral, pero en los pasillos de los ayuntamientos, en los cafés de la capital y en las plazas de la zona Sur y el Oriente, ya hay quienes confunden la función pública con la precampaña.

En la zona Oriente, la exigencia ciudadana es de urgencia absoluta: los municipios ya no soportan un periodo más de improvisaciones, ocurrencias ni alcaldes que entreguen la plaza. La contienda requerirá perfiles con trabajo territorial probado y no figuras infladas por reflectores prestados.

En la capital, el horno no está para bollos. Cuernavaca sigue atrapada entre la deficiencia en los servicios básicos y la sombra constante de la violencia. Si MORENA pretende competir en serio, tendrá que apostar por cuadros con peso propio, capacidad, experiencia y antecedentes con resultados, porque Cuerna requiere acción inmediata, aplicación de soluciones ya probadas y alejados de la estridencia vacía de quienes solo buscan el fuero como escudo de impunidad.
En el Corredor Sur, la política se debe jugar con bisturí. La representación legislativa no es un premio de consolación ni un escalón automático para saciar apetitos personales de administradores municipales salientes. La transición hacia el Congreso requiere perfiles con rigor y sensibilidad de servicio, no prisas políticas que amenacen con romper la estabilidad regional. En esta franja del estado, la lealtad y el trabajo constante de territorio seguirán siendo la moneda de mayor valor ante un electorado que ya no se deja engañar.

Por su parte, en los municipios de la zona Poniente, la ciudadanía observa con cautela y mucha memoria. Ahí donde se busca relevo generacional o continuidad, el pasado de cada actor pesa. Hay estructuras tradicionales cuyo historial arrastra demasiadas sombras como para pretender venderse hoy como la solución a los problemas que ellos mismos cosecharon.

Este primer saludo al mundo no es una sentencia; es un aviso de ocasión. El 2027 ya se está jugando hoy, y los nuevos filtros partidistas no servirán de nada si no hay memoria en las urnas.

Estaré observando cada movimiento, cada pacto en la sombra y a cada personaje que pretenda engañar a los morelenses.

Aquí no hay intocables, solo datos. Nos leemos en la siguiente. 

El Tlacuilo.